Día X.
Recuerdo cuando sostuve en mi mano, por primera vez, mi vieja y valiosa primera Reflex. No miento si ese mismo día pensé que uno de mis primeros proyectos personales sería tratar la violencia de género. Un año más tarde lo cumplía, con mejor o peor calidad, pero entendía que la misión de un fotógrafo, asi como la de un escritor, es transmitir, y yo necesitaba dar mi apoyo o mostrar mi ínfima ayuda o lucha contra todo esto.
Anoche, mientras yo sonreía y disfrutaba de uno de los mejores momentos de mi vida, una familia y en concreto una mujer, joven, vecina mía, sufría el peor de los rencores jamás vivido por el hombre. Mientras en una sala de conciertos gente como yo coreábamos al unísono con El Chojín su tema contra la violencia de género "el final del cuento de hadas", una joven lo sufría en sus propias carnes.
Para la estadística será un número más, pero para la gente de este pueblo no. Yo no la conocía, quizá me la crucé un centenar de miles de veces y siempre fue una más de las tantas personas con las que cruzas miradas. Hoy tristemente esa persona cobra nombre y copa noticias, provoca lágrimas en personas que cómo yo, la desconocían. Hoy para algunos será un número más, pero la muerte de una persona no debería medirse por estadísticas, y menos si ocurre así.
D.E.P.
PD: No pretendo ser ventajista, ni quiero que así se interprete esto. Hoy al ver esta fotografía mía sobre dicho trabajo, un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba a abajo. Quizá por la similitud con la escena real, pues el hermano de dos años presenció el trágico final.